La pregunta compleja
La última falacia de atingencia que consideraremos es la falacia de la pregunta compleja. Todos sabemos que es un poco 'cómico' hacer preguntas como: ¿Ha abandonado Vd. sus malos hábitos?, o ¿Ha dejado Vd. de pegarle a su mujer? No son preguntas simples, a las que sea posible responder con un directo 'sí' o 'no'. Las preguntas de este tipo suponen que se ha dado ya una respuesta definida a una pregunta anterior, que ni siquiera ha sido formulada. Así, la primera, supone que se -ha respondido 'sí' a la pregunta no formulada: "Tenía Ud. anteriormente malos hábitos?"; y la segunda supone una respuesta afirmativa a la siguiente pregunta, tampoco formulada: "¿Ha Vd. pegado alguna vez a su mujer?" En ambos casos, si se contesta con un simple 'sí' o 'no' a la pregunta 'tramposa', ello tiene el efecto de ratificar o confirmar la respuesta implícita a la pregunta no formulada. Una pregunta de este tipo no admite un simple 'sí' o 'no' como respuesta, porque no es una pregunta simple o única, sino una pregunta compleja, en la cual hay varias preguntas entrelazadas.
Se comete la falacia de la pregunta compleja cuando no se percibe la pluralidad de preguntas y se exige, o se da, una respuesta única a una pregunta compleja, como si fuera simple. No solamente encontramos ejemplos de esta falacia en bromas obvias, como nuestros dos primeros ejemplos. En un interrogatorio, un abogado puede plantear preguntas complejas a un testigo para confundirlo, o inclusive para acusarlo. Puede preguntar: "¿Dónde ocultó las pruebas?", "¿Qué hizo con el dinero que robó?", etc. En la propaganda, en los casos en que sería sumamente difícil demostrar o conquistar aprobación para una llana afirmación, lajdea puede ser 'infiltrada' de manera muy persuasiva por medio de una pregunta compleja. Un portavoz de empresas privadas que explotan servicios públicos puede plantear la pregunta: "¿Por qué la explotación privada de los recursos es mucho más eficiente que cualquier control público?" Un jingoísta puede preguntar a su auditorio: "¿Hasta cuándo vamos a tolerar la interferencia extranjera en nuestros intereses nacionales?"
En todos estos casos, el procedimiento inteligente es tratar la pregunta compleja, no como si fuera simple, sino analizándola en sus partes componentes. Puede muy bien ocurrir que cuando la pregunta implícita previa es respondida de manera correcta, la pregunta explícita simplemente ise diluye. Si no he ocultado ninguna prueba, la pregunta de dónde la oculté carece de sentido.
Hay también otras variedades de la pregunta compleja. Una madre puede preguntar a su pequeño si quiere portarse bien e ir a acostarse. En este caso, la cuestión es menos engañosa, Claramente se trata de dos preguntas y una de ellas no presupone una particular respuesta a la otra. La falacia reside aquí en la suposición de que debe darse a ambas preguntas una única respuesta. ¿Está ud, por el Partido X y la prosperidad, o no? ¡Conteste si o no! Pero ésta es una pregunta compleja y es, al menos, concebible que las dos preguntas puedan tener respuestas diferentes.
En el procedimiento parlamentario, la moción de 'dividir la cuestión' es una moción de privilegio. Esta regla implica el reconocimiento de que las cuestiones pueden ser complejas y, por tanto, se las puede considerar con mayor claridad si se las divide, Nuestra práctica con respecto al poder de veto del Presidente es menos razonable. El Presidente puede vetar una medida en su conjunto, pero puede vetar la parte que desaprueba y promulgar el resto. El Presidente no puede dividir la cuestión, tiene que responder 'si' o 'no' a cualquier cuestión, por compleja que sea. Como es bien sabido, esta restricción ha conducido a la práctica parlamentaria de adjuntar, como 'aditamentos', a las medidas que se sabe cuentan con la aprobación del Presidente, ciertas cláusulas adicionales a menudo totalmente ajenas a la cuestión, de las que se sabe, también, que el Presidente las desaprueba. Cuando se le presenta, un proyecto de ley semejante, el Presidente debe promulgar algo que desaprueba o vetar algo que aprueba. Otra versión de esta falacia se encuentra en ciertos calificativos que. predeterminan en cierto modo la respuesta, como cuando alguien pregunta: "¿Fulano de Tal es un radical estrafalario, o un conservador irracional?, o también; ¿No conduce esta política a una deflación ruinosa?. Aquí, como en los otros casos, es menester dividir la pregunta compleja. Las respuestas pueden ser: "radical sí, pero no estrafalario", "conservador sí, pero no irracional"; o: "conducirá a una deflación, sí; pero no será ruinosa, sino que será un saludable reajuste".