El equívoco
La primera falacia de ambigüedad que examinaremos es la que surge del simple equívoco. La mayoría de las palabras tienen más de un significado literal; por ejemplo, la palabra 'pico' puede designar una herramienta o la boca de un ave. Si distinguimos claramente estos sentidos diferentes, no se planteará ninguna dificultad. Pero si confundimos los diferentes significados que puede tener una palabra o frase y la usamos dentro del mismo contexto con distintos sentidos sin darnos cuenta de ello, entonces la estamos usando de manera equívoca. Si el contexto es un razonamiento, cometeremos la falacia del equívoco.
Un ejemplo tradicional de esta falacia es el siguiente: "El fin de una cosa es su perfección; la muerte es el fin de la vida; por lo tanto, la muerte es la perfección de la vida". Este razonamiento es falaz porque en él se confunden dos sentidos diferentes de la palabra 'fin'. Ésta puede significar 'objetivo' o 'último acontecimiento'. Por supuesto que ambos significados son legítimos, pero lo que es ilegítimo es confundirlos, como en el razonamiento mencionado. Las premisas solo son plausibles cuando la palabra 'fin' es interpretada diferentemente en cada una de ellas, en esta forma: "El objetivo de una cosa es su perfección" y "La muerte es el ultimo acontecimiento de la vida". Pero la conclusión de que "la muerte es la perfección de la vida' evidentemente no se deduce de estas premisas. Naturalmente, podría usarse en ambas premisas el mismo sentido de "fin', pero entonces el razonamiento perdería toda su plausibilidad, pues tendría, o bien la premisa poco verosímil 'el último acontecimiento de una cosa es su perfección' o bien la premisa claramente falsa 'la muerte es el objetivo de la vida'. Hay algunos ejemplos de la falacia del equívoco, absurdos al punto de no engañar a nadie, que son una especie de broma, Así:
Algunos perros tienen orejas peludas.
Mi perro tiene orejas peludas.
Por lo tanto, mi perro es algún perro.
Hay un tipo particular de equívoco que merece mención especial. Se relaciona con los términos 'relativos', que tienen diferentes significados en contextos diferentes. Por ejemplo, la palabra 'alto' es una palabra relativa; un hombre alto y un edificio alto están en categorías completamente distintas. Un hombre alto es el que es más alto que la mayoría de los hombres ; un edificio alto es el que es más alto que la mayoría de los edificios. Ciertas formas de razonamiento que son válidas para términos no relativos, pierden su validez cuando se sustituyen éstos por términos relativos. El razonamiento: "un elefante es un animal; por lo tanto, un elefante gris es un animal gris", es perfectamente válido. La palabra 'gris' es un término no relativo. Pero el razonamiento: "un elefante es un animal; por lo tanto, un elefante pequeño es un animal pequeño", es ridículo. El quid de la cuestión es que 'pequeño' es un término relativo: un elefante pequeño es un animal muy grande. Se trata de una falacia por equívoco, debido al término relativo 'pequeño'. Sin embargo, no todos los equívocos donde entran términos relativos son tan obvios. La palabra 'bueno' es un término relativo y con frecuencia se la usa equívocamente, por ejemplo cuando se arguye que Fulano de Tal sería un buen presidente porque es un buen general, o debe de ser una buena persona porque es un buen matemático, o es un buen maestro porque es un buen investigador.