El énfasis
Como en el caso de todas las falacias de ambigüedad, se comete la del énfasis en un razonamiento cuya naturaleza engañosa y carente de validez depende de un cambio o una alteración en el significado. La manera en que los significados cambian en la falacia del énfasis depende de las partes de él que se recalquen o destaquen. Es indudable que algunos enunciados adquieren significados completamente diferentes según las diferentes palabras que se subrayen. Considérese, por ejemplo, los diferentes significados que resultan de la siguiente prohibición, según cuáles sean las palabras en bastardilla que se destaquen:
No debemos hablar mal de nuestros amigos
Cuando se la lee sin ningún énfasis indebido, la prohibición es perfectamente correcta. Pero si se extrae la conclusión de que podemos sentirnos libres de hablar mal de cualquiera que no sea nuestro amigo, entonces esta conclusión deriva de la premisa solamente si ésta tiene el significado que adquiere cuando se subrayan las dos últimas palabras. Pero, en este caso, ya no es aceptable como ley moral, tiene un significado diferente y es, de hecho, una premisa diferente. Este razonamiento sería entonces un ejemplo de falacia del énfasis. También lo sería el razonamiento que extrajera de la misma premisa la conclusión de que podemos hacer mal a nuestros amigos, a condición de hacerlo silenciosamente, Y lo mismo con las otras inferencias falaces sugeridas, En la misma vena ligera, según dónde se ponga el énfasis, está el enunciado:
Woman without her man would be loss
sería perfectamente aceptable para cualquiera de los dos sexos. Pero, sí del enunciado con el énfasis puesto de cierto modo se infiere el mismo enunciado, pero con el énfasis en otro lugar, estaríamos ante otro caso de falacia del énfasis.
Si ampliarnos un poco el sentido de! término, puede presentarse un caso más serio de esta falacia al hacer una cita, en la cual la introducción o la supresión de bastardillas puede cambiar el significado. Puede darse el mismo énfasis falaz sin ninguna variación en el uso de la bastardilla, cuando el pasaje citado es aislado del contexto; pues a menudo solo puede entenderse correctamente un pasaje a la luz de su contexto, que puede aclarar el sentido que se le quiere dar o puede contener especificaciones explícitas sin las cuales el pasaje en cuestión adquiere una significación muy diferente. Por eso, un autor responsable que hace una cita directa indicará si las palabras que en su cita están en bastardilla lo estaban o no en el original e indicará cualquier omisión de palabras o frases por el uso de puntos suspensivos.
Una frase que es literalmente verdadera pero carece totalmente de interés cuando se la lee o escribe "normalmente" puede despertar gran expectativa cuando se destacan, de cierta manera algunas de sus partes. Pero al destacar estas partes puede cambiar su significado y con esto puede pasar a no ser verdadera, De este modo, se sacrifica la verdad al sensacionalismo por medio de la inferencia falaz que se produce al destacar (tipográficamente) la mitad de una frase más que la otra mitad. Esta técnica constituye una actitud deliberada de ciertos periódicos sensacionalistas para atraer la atención mediante sus títulos. Estos periódicos, por ejemplo, pueden poner en grandes títulos las palabras
REVOLUCIÓN EN FRANCIA
y luego, abajo, en tipo de imprenta mucho menor y menos prominente, pueden encontrarse las palabras 'temida por las autoridades. La frase completa "(Una) Revolución en Francia (es) temida por las autoridades" puede ser absolutamente verdadera, pero la forma en que se destaca una parte de ella en el periódico la convierte en una afirmación muy impresionante, aunque totalmente falsa. En muchos anuncios de propaganda se encuentra el mismo énfasis engañoso. En casos en que se da el precio de un artículo determinado y se supone que es el precio total, un examen más atento del anuncio nos permitirá descubrir las palabras, siempre en tipo de imprenta mucho menor, 'más el impuest'* o la expresión '4 y pico'. En los anuncios dirigidos hacia los sectores del público que se presume menos cultos, este tipo de énfasis es a menudo evidente.
Hasta la verdad literal puede ser un vehículo para la falsedad cuando se la destaca colocándola en un contexto engañoso, como lo ilustra la siguiente historia de marinos:
Casi a punto de partir cierto barco, hubo una disputa entre el capitán y su primer oficial. La disensión se agravaba por la tendencia a beber del primer, oficial, pues el capitán era un fanático de la abstinencia y raramente perdía oportunidad de regañarlo por su defecto, Inútil decir que sus sermones solo conseguían que el primer oficial bebiera aún más. Después de repetidas advertencias, un día que el primer oficial había bebido más que de costumbre, el capitán registró el hecho en el diario de bitácora y escribió: "Hoy, el primer oficial estaba borracho". Cuando le tocó al primer oficial hacer los registros en el libro, se horrorizó al ver esta constancia oficial de su mala conducta. El propietario del barco iba a leer el diario y su reacción, probablemente, sería despedir al primer oficial, con malas referencias además, Suplicó ai capitán que eliminara la constancia, pero el capitán se negó. El primer oficial no sabía qué hacer, hasta que, finalmente, dio con la manera de vengarse. Al final de los registros regulares que había hecho en el diario ese día, agregó: "Hoy, el capitán estaba sobrio".