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El discurso que cumple funciones múltiples

En la sección precedente, los ejemplos presentados eran casos químicamente puros, por decir así, de los tres tipos básicos de comunicación. La triple división propuesta es aclaradora y muy valiosa, pero no se la puede aplicar mecánicamente, porque casi toda comunicación ordinaria probablemente ejemplifique, en mayor o menor medida, los tres usos del lenguaje. Así por ejemplo, un poema, que es fundamentalmente un tipo de discurso expresivo, puede tener una moraleja y por lo tanto ser también un requerimiento al lector (o al oyente) para que observe un cierto tipo de vida, y puede también contener una cierta cantidad de información-. Por otra parte, si bien un sermón es de carácter predominantemente directivo, ya que trata de provocar determinadas acciones por parte de los miembros de la congregación (por ejemplo, que abandonen sus malas costumbres o que contribuyan con dinero al sostén de la Iglesia), también puede manifestar y despertar sentimientos, cumpliendo así una función expresiva, o incluir alguna información al comunicar ciertos hechos. Un tratado científico, que es esencialmente informativo, puede revelar algo del propio entusiasmo del autor, con lo cual desempeña una función expresiva, y puede también, al menos implícitamente, cumplir alguna que otra función directiva, al invitar quizás al lector a que verifique independientemente la conclusión del autor. La mayoría de los usos ordinarios del lenguaje son mixtos.
No siempre es resultado de una confusión por parte del que habla el que su lenguaje cumpla funciones mixtas o múltiples. Lo que ocurre, más bien, es que la comunicación efectiva exige cierta combinación de funciones. Pocos de nosotros nos encontramos, unos con respecto a otros, en la relación de padre a hijo o de patrón a empleado. Y fuera del contexto de relaciones formales tales como éstas, no podemos tener la esperanza de ser obedecidos con solo emitir una orden. Por consiguiente, debemos emplear ciertos rodeos: una orden descarnada provocaría antagonismo o resentimiento y frustraría su propio objetivo. No podemos provocar una acción profiriendo simplemente un imperativo; es necesario utilizar un método más sutil para estimular la acción deseada.
Puede decirse que toda acción obedece a causas muy complejas. El análisis de las motivaciones corresponde más a un psicólogo que a un lógico, pero es de conocimiento común que, habitualmente, las acciones son el resultado de deseos y creencias. Un hombre que desea alimentarse no tocará lo que está en su plato a menos que crea que es comida; y aunque crea que es comida, no la tocará a menos que desee comerla. Este hecho tiene importancia para nuestra discusión porque los deseos son un tipo especial de lo que hemos llamado 'actitudes'.
Por consiguiente, las acciones pueden ser provocadas instigando las actitudes apropiadas y comunicando la información pertinente. Suponiendo que sus oyentes son caritativos, usted puede hacer que contribuyan a una obra de caridad informándoles de su efectividad en el cumplimiento de tos resultados benéficos deseados. En tal caso, su uso del lenguaje será en última instancia directivo, pues su propósito es provocar una cierta acción. En esta situación, una orden descarnada sería mucho jpenos efectiva que el discurso informativo usado. Supongamos, por otro lado, que sus oyentes ya están convencidos de que la obra en cuestión tiene resultados benéficos. Tampoco en este caso puede usted tener muchas esperanzas de que le obedezcan mediante la simple emisión de una orden; en cambio, usted puede lograr que actúen de la manera deseada despertando en ellos de algún modo un sentimiento o una emoción caritativa. El discurso que usted usará para lograr su fin será un discurso expresivo; hará un 'llamado conmovedor'. De este modo, su lenguaje tendrá un uso mixto, pues funcionará al mismo tiempo expresiva y directivamente. Por último, supongamos que trata usted de obtener una donación de gente que no tiene una actitud caritativa ni cree que la caridad sirva a un propósito benéfico. En este caso, debe usar un lenguaje que sea al mismo tiempo informativo y expresivo. El lenguaje usado desempeñará, entonces, las tres funciones, pues será simultáneamente directivo, informativo y expresivo, y ello no como resultado de una pura mezcla accidental, sino de una manera esencial, necesaria para una comunicación exitosa.
Algunos estudiosos del lenguaje han sugerido que el discurso sirve a más de estas tres funciones distintas. Sin embargo, es posible considerar cualquier otra función como una mezcla o combinación de dos o quizá de los tres usos básicos que hemos distinguido aquí. La más importante de estas otras funciones ha sido llamada con frecuencia la función 'ceremonial' del lenguaje. Dentro de esta categoría se incluyen muy diferentes tipos de frases, que van desde los saludos corrientes hasta los discursos más ampulosos de una ceremonia matrimonial, los documentos.de Estado y los ritos verbales realizados en las festividades religiosas por las casas de culto. Pero puede considerárselos a todos como mezclas de discurso expresivo y directivo, más que como un género completamente diferente y único. Por ejemplo, los saludos ceremoniales comunes y la charla de las reuniones sociales sirven al propósito de manifestar y estimular la buena voluntad y la sociabilidad. Para algunos quizá sirva también al propósito directivo de hacer que sus oyentes actúen de cierta y determinada manera, que patrocinen los negocios del que habta, que le ofrezcan empleo o que lo inviten a almorzar. Por otra parte, el lenguaje imponente de la ceremonia matrimonial está dirigido a destacar la solemnidad de la ocasión (su función expresiva) y también a instar al novio y a la novia a que desempeñen sus nuevos papeles con una elevada apreciación de la seriedad del contrato matrimonial (su función directiva).